Arte Para Leer: Tatuaje
“El hombre de negro estaba de pie frente a Jon observándole con atención. Sus labios estaban sellados como los de una pálida estatua de mármol. Detrás de su intrigante figura se alzaba la fría oscuridad, el vacío total sumido en el más absoluto de los silencios. El hombre le contempló durante breves minutos sin articular vocablo alguno. Su presencia estaba voluntariamente sumida en la penumbra. Jon intentó hablar con él. Aunque permaneció en silencio, el hombre parecía querer mostrarle algo. Lo vio en su mirada. Incisiva. Una mirada que por lo que él recordaba había cambiado.
Hasta aquel mismo instante había tenido la certeza de que quien se hallaba frente a él era su propio padre. Su mirada era familiar, como si el mismo Jon contemplara su propio reflejo frente a un espejo. Aquella no era ya la mirada de su padre. Sabía que no lo era, pero de la misma forma sabía que también se trataba de alguien muy familiar, aunque con un aspecto distinto.
Jon observó la cara del hombre de negro intentando descubrir sus rasgos a través de la penumbra. A pesar de su esfuerzo no fue capaz de descubrir el aspecto de su cara, sólo leves detalles. Su cabello era blanquecino. Su expresión era taciturna. Sus ojos estaban cansados pero su mirada estaba llena de vida y de intención.
Una vez más, el hombre de negro quiso que Jon le prestara atención. Del interior de su propio abrigo extrajo algo pequeño. Un objeto que cabía en el interior de su mano. Su puño estaba cerrado. Lo abrió lentamente para mostrar lo que escondía la palma de la mano. En ella había una pequeña pieza, de forma poligonal. Estaba cubierto de pequeñas capas de hielo derritiéndose. Se lo mostró al joven. Jon estaba seguro de que quería que lo observara a conciencia.”
Jordi Armengol, “Tatuaje”
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